Fernando Rosales sobre "Drugstore Cowboy" de Gus Van Sant
Drugstore Cowboy es simplemente un peliculón. Empieza (y termina) con la mejor canción de Desmond Dekker, "The Israelites" que se te queda grabada en la mente y te marca el ritmo de la historia. Interviene Burroughs con un par de minutos estelares dedicados a acorralar el miedo que los puritanos y los falsos nos llevan metiendo encima desde hace siglos. Matt Dillon por fin actúa. Se cree el personaje a pies juntillas y lo interpreta de maravilla. Hace de yonki empedernido, sin ningún mono estrepitoso con vomitonas ni nada por el estilo, un yonki disfrutando del caballo a tope, pasándolo bomba y viviendo con un chica estupenda. Yendo de un lado para otro haciendo lo que le gusta. Y al final intentando dejar la droga, pero una vez más sin aspavientos, desmitificando al yonki "pobre de mí" que había encarnado Pacino en "Needle Park", tranquilo y decidido. Es simplemente fantástico.
La peli tiene su momento cumbre cuando Dillon tiende una trampa cómica al inspector de policía que le vigila. Le sale perfecta y graciosísima. Y según se ríe bajan las burbujas del champán por la pantalla sobre su rostro risueño. Una de las mejores caras de satisfacción que nadie haya puesto en la historia del cine. Qué yo sepa por supuesto!
Concluyo: si hay algo adictivo en este mundo ... es la telebasura y no las drogas.
Gus Van Sant

