martin-i-textos <img src='http://www.lacoctelera.com/myfiles/martin-i-textos/oleo.jpg' id='img_0' height='118' width='450' align='middle'/> 2008-02-26T10:05:03+00:00
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Cultura the-shaker: that blog/flickr/multimedia-aggregator kind of thing martin-i-textos http://s3.amazonaws.com/lcp/martin-i-textos/myfiles/eme65x6565x65.jpg http://martin-i-textos.lacoctelera.net/post/2008/02/26/estamos-las-tumbas-saint-denis Estamos en "Las tumbas de Saint-Denis" 2008-02-26T10:05:03+00:00 2008-02-26T10:05:03+00:00 <p><a href="http://maxmartini.wordpress.com/" title="http://maxmartini.wordpress.com/" id="link_0"><img src="http://www.lacoctelera.com/myfiles/martin-i-textos/tw.jpg" class="imgCen" height="129" width="450"></a> </p> <p><a href="http://maxmartini.wordpress.com/" title="http://maxmartini.wordpress.com/" id="link_1">Las tumbas de Saint-Denis</a> </p> martin-i-textos http://s3.amazonaws.com/lcp/martin-i-textos/myfiles/eme65x6565x65.jpg http://martin-i-textos.lacoctelera.net/post/2007/08/27/-p-style-text-align-right-align-right-font-size-3 María Toledano: <FONT color=#339999>"Evocación autobiográfica de La Habana (1)"</FONT> 2007-08-27T07:45:45+00:00 2007-11-06T08:09:53+00:00 <div style="text-align: right;"> <p>A Gemma, que me regaló un mapa de otra ciudad</p> <p><span style="color: rgb(255, 204, 0);">La ciudad dormida evapora su lenguaje</span></p> <p>Lezama Lima </div> <p><big><br /> Con los primeros calores del día, agosto madrileño, llamaron con insistencia a la puerta. Era mi nieta Lola. Con una sonrisa que hubiera iluminado el infierno, ombligo al aire y gafas oscuras me dijo que fuera haciendo la maleta. Dentro de cuatro días nos íbamos a La Habana. La vejez conlleva, amén de otros detalles que omito por decoro, obediencia debida. Protesté, por aquello de la forma, y cuando quise darme cuenta bebía zumo de naranja, ay, en un vuelo con destino al aeropuerto José Martí. Volvía a la isla, Hasta la victoria, siempre, y mis recuerdos saltaban de un año a otro descontrolados: las palomas en el hombro de Fidel, el azúcar, la tonelada a precio de lo que fuera menester, aquellos misiles, la despedida del Che, el socialismo cubano con sus matices ideológicos y recodos teóricos, la virgen del Cobre y la dolarización del demonio, el tacto áspero del Granma, la lucha internacionalista en Angola y ahora en Venezuela, una reunión en Topes de Collantes, años setenta, el 26 de julio de 1973 (una historia que no viene a cuento), los avances farmacológicos y el llamado “período especial”, es decir, la violenta crisis económica, un eufemismo, que recorrió la isla, de Santiago a Pinar del Río, tras la caída de la URSS. Lola, a mi lado, leía La ciudad de las columnas de Alejo Carpentier y en la mochila, asomando discreto, junto al autista Ipod, lucía una vieja edición -regalo mío- del clásico Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar de Fernando Ortiz, impreso en La Habana, 1963 (Año de la Organización), por el Consejo Nacional de Cultura con una elegante introducción de Bronislaw Malinowski fechada en Yale, julio 1940. Los libros, igual que los viejos, también viajan por obligación.</p> <p>La ciudad nos recibió abierta en canal de agua, partida en dos por una de las primeras tormentas de la temporada, con los comercios iluminados, su gentío y el agitado tráfico de la tarde. Reconocí algunas avenidas exteriores recién asfaltadas, las casas de Boyeros y el olor a tierra mojada; los renovados hoteles de Prado y la ocre intensidad de la luz. Caía la tarde. Para mí, setenta y ocho cumplidos, estar de nuevo en La Habana, respirar su penetrante humedad y fumar un pitillo sentada en cualquier café, significa rejuvenecer treinta años. O más. Imagino que hay que ser comunista, o lo que seamos ahora, para entender esto. En fin. Ocupamos el hotel y salimos a la calle. Neptuno con Parque Central. La mirada de Lola, como su pequeña cámara digital, era carnívora. Quería devorar todo, captar la vida en marcha, la que fluye por las esquinas y las puertas entornadas, experimentar en un instante el aire moderno del socialismo caribeño del que tanto ha oído hablar, empaparse de todo. Recordé mi primer viaje, finales de mayo de 1961, pocas semanas después del desembarco de Playa Girón y de que Fidel proclamara, con solemnidad revolucionaria, aquel Primero de mayo, que Cuba era “una república socialista”. Con la edad te vuelves sentimental, me dije. Lola, a mi espalda, ya estaba hablando con un par de jóvenes. Crucé sin mirar pensando, ignoro la razón, en Regis Debray y Bolivia. Casi me atropella un flamante coche coreano, matrícula amarilla. Hay que joderse con el socialismo automovilístico.</p> <p>Harta de defender durante décadas la causa única y valiente del socialismo cubano, de la Revolución, del hombre nuevo que no ha llegado del todo o que llega tropezando por Centro Habana con una javita, un socialismo real, diferente al soviético, radicalmente humano, ajeno a los bolcheviques y al PCUS, que se levanta sólo, orgulloso y mambí, con sus innegables progresos y contradicciones, con su bloqueo y su níquel, su escasa mortalidad infantil, su elevado nivel de educación y sus Vampiros en La Habana, ahora -hace ya una larga temporada- me he vuelto chavista. A la vejez, viruelas. Cubana y chavista. Un país, dos banderas. Le cuento esto a Lola -aportando datos sobre la mejora del consumo energético per capita- sentada en un banco de la Plaza de Armas, los libreros están recogiendo la mercancía del turista, y me mira con dulce resignación. Agüe -dice descarada, sin dejar de recorrer cada palmo con ojos posesivos- descansa un poco. Niña -respondo- otra falta de respeto así y te fusilamos al alba. Me gusta usar el plural revolucionario (serán reminiscencias estalinistas) y paladear la proximidad emocional que concede la semántica. Se ríe y me saca una foto con un cigarrillo en la boca. O el socialismo conlleva alegría de vivir o no es socialismo, pienso. Marx estaría de acuerdo.</p> <p>Cenamos algo, frijoles con arroz, pollo y fruta, paseamos hasta la Rampa por el Malecón, cerrado al tráfico por causa de carnaval -nos quedamos un rato mirando las carrozas- y regresamos en taxi al hotel. Hace sólo unas horas que estamos en La Habana y ya siento algo parecido al bienestar. Dirán que exagero y tendrán razón. Hace un par de años unos jóvenes venezolanos del Frente Francisco de Miranda me regalaron en Caracas una camiseta cuya leyenda dice: Yo me declaro socialista, ¿y qué? Ya en la habitación charlamos y hacemos planes para el día siguiente. Iremos a primera hora a la Plaza de la Revolución y luego veremos. ¿Te parece bien? Cómo explicarle a mi nieta, en dos palabras, que en esta ciudad acepto cualquier idea razonable. Sentirse cubana, como me siento, y ser europea (es un decir, siendo española) es fácil -reflexiono-, lo duro, pese a todo, es ser cubana en Cuba. Antes de dormirme me asaltan dudas (razonables) sobre el desarrollo (¿necesario?) del turismo, la utilidad de la doble moneda (el peso convertible y el otro) y la precariedad del transporte colectivo y me acuerdo de España, allá por los años 60 y 70, cuando nuestra floreciente industria era la misma. Leo un cuento de Hemingway (que paseaba por el franquismo taurino como si tal cosa). Al instante me desvelo. Fumo apoyada en la ventana. La bulliciosa metrópoli se va apagando. Pongo TeleSur sin voz. Son las doce y media. Sospecho que la noche será larga. Lola duerme cansada y feliz. El aire acondicionado entona su cansina sinfonía de hierro y plástico. Venceremos. </big></p> </p> martin-i-textos http://s3.amazonaws.com/lcp/martin-i-textos/myfiles/eme65x6565x65.jpg http://martin-i-textos.lacoctelera.net/post/2007/05/30/ma-rosa-lorenzo-ser-carne--2 Mª Rosa Lorenzo: <span style="color:#339999">"Ser carne"</span> 2007-05-30T12:13:43+00:00 2007-11-06T07:55:40+00:00 <p><BIG>Me gusta convertirme en el viento que te acaricia<br /> para que me sientas aún sin verme.<br /> Ser el sol que se derrama en tu rostro<br /> para que al rozarlo tu mirada se ilumine<br /> aunque ciego por mi destello, nunca lo sepas.<br /> Deshacerme en lluvia que empapa tu pelo<br /> para viajar prendida en tus cabellos<br /> aunque mi humedad se confunda escondida en tu sudor.<br /> Y ahora,<br /> Me gustaría volverme carne para decirte mi nombre al oído.<br /> Para que reconozcas mis manos, mis ojos y mi piel descubriendo tu cuerpo lindo.<br /> Tu cuerpo entero y el mío, mientras te susurro mi nombre al oído. </BIG></p> martin-i-textos http://s3.amazonaws.com/lcp/martin-i-textos/myfiles/eme65x6565x65.jpg http://martin-i-textos.lacoctelera.net/post/2007/05/08/alicia-rosales-for-you- Alicia Rosales: <span style="color: rgb(51, 153, 153);">"For you"</span> 2007-05-08T13:39:00+00:00 2007-11-06T07:50:43+00:00 <p><big>Me gustaría ser Maga<br /> para borrar tu tiempo<br /> y mi distancia<br /> y fabricar un mundo<br /> en el que la felicidad<br /> sea el despertar de cada día<br /> y no un sueño.</big></p> martin-i-textos http://s3.amazonaws.com/lcp/martin-i-textos/myfiles/eme65x6565x65.jpg http://martin-i-textos.lacoctelera.net/post/2007/05/08/rancias-damas-del-auxilio-social-repartidoras-aceite-de María Toledano: <span style="color: rgb(51, 153, 153);">"<span style="font-style: italic;">Paracuello</span>s, territorio sin ley"</span> 2007-05-08T11:03:45+00:00 2007-11-06T07:50:42+00:00 <p> <BIG>Rancias damas del Auxilio Social -repartidoras de aceite de ricino y cortes de pelo- y falangistas valerosos, repeinados como su señorito, asesinos de la Santa Cruzada, por el imperio hacia Dios, España siempre una, grande y libre (liberada); los militares de baja graduación, ascensos y galones por méritos de guerra, brillantes correajes y fijador, recorrían los pueblos intimidando a la gente, a las mujeres jóvenes; viudas con estanco, la esencia del régimen, el gallardo moño arribaespaña y docenas de profesores universitarios de derecho, latín, historia, química orgánica, geografía, matemáticas o lengua sin bachiller ni conocimiento alguno vestidos de camisa azul, pantalón blanco o negro, el yugo y las flechas en la solapa y en los edificios oficiales; intelectuales aprovechados, vividores y miserables -algunos hoy, desde la socialdemocracia, reivindican (sic) su aportación al proceso constitucional de 1978- que se pasaron media vida alabando la guerra contra los rojos, Franco estratega y hombre de paz, César visionario, para luego girar al sol de la nueva prebenda; sus nombres escuecen todavía en el recuerdo: Pedro Descargo de conciencia Laín, Tovar, Ridruejo, Sánchez Mazas, Panero, Rosales y tantos otros; mientras estos arribistas hacían pasillo en busca de embajadas y cátedras, dinero fácil para sus publicaciones de mierda y laudatios, el miedo de los huérfanos, sus padres muertos o encarcelados, se extendía por los colegios, media-pensión para los pobres, pavor en los orfanatos, bajo la atenta mirada de la Sección Femenina, Pilarín -la hermana del Ausente- y las suyas, monjas-alférez de la España nueva, expresión real -tocada de fervor místico y juegos sexuales de cilicio- de la violencia gris, ruin y zafia de la dictadura fascista, franquista, nacional-católica. Poco importa su denominación pese a que la teoría política y el revisionismo de academias de cartón quieran hacer bandera en congresos y ponencias de estas disquisiciones. Muchos diputados de la CEDA ya eran, antes de 1933, fascistas y protomátires. El hambre y las enfermedades, los robos cotidianos, humillaciones, sabañones y la imposibilidad de mirar a los ojos, de frente, no fuera que apareciera algún reproche que acarreara castigo. Recuerdo cómo a algunas mujeres les hacían limpiar los suelos de las cárceles, de los colegios y las iglesias con la bandera tricolor. Aquello era la representación diaria, Las criadas, del terror, el terror de estado, el terror institucional. Después de la guerra, que fue dura, vino una piorrea eterna, casi cuarenta años, casi cuarenta años de infección que pesan sobre la espalda de un pueblo como cuarenta infiernos, cuarenta círculos de odio. Muchas obras han reflejado el drama español, esta eterna velada de Benicarló de niños yunteros; pocos, en realidad, con el acierto semántico y la singularidad expresiva, la fuerza narrativa y la riqueza de sórdidos matices de las historietas de Carlos Giménez y su Paracuellos, que reedita ahora -un magnífico volumen con el título Todo Paracuellos, reivindicativo prólogo de Juan Marsé- la editorial Debolsillo.<br /> Niños con las rodillas raspadas de jugar, de correr por los patios gélidos de Castilla, siempre hacía frío, escapando de sí mismos, de las lecciones de salvaje machismo de los falangistas y del vicio sordo (y sucio) de las administradoras, legionarias, de la Sección; los niños y los inexistentes brazos de sus madres, no siempre había visita, los rostros sorprendidos de bofetadas; niños cuya única ilusión consistía en chupar y pasar al compañero un mendrugo de pan o una galleta o un trozo de membrillo o una sonrisa o una lágrima, abandonados y solos, muchos pasaron de la infancia a la adolescencia bajo el manto del Auxilio Social, palizas en lugar de merienda; Paracuellos, metáfora de la niñez de un pueblo, huella del drama español e historia común. Aquellos barros traen lodos tan increíbles como, por ejemplo y sin que nadie se extrañe, la presencia en el Senado de Manuel Fraga, ministro de Franco en los sesenta, por destacar sólo un caso. ¿Se imaginan que un colaborador de Hitler, uno de sus ministros, hubiera sido diputado en el parlamento alemán? España debe ser diferente, decía el lema de los Paradores Nacionales, de tan agradable recuerdo para este atroz funcionario.<br /> En el siglo XXI se habla mucho de terrorismo. Estará de moda y dará juego a la estrategia del capitalismo. Pero nadie recuerda -nadie quiere recordar- un régimen, jaleado por la iglesia católica, de terror abierto y declarado como el que destruyó la esperanza de modernidad surgida de las elecciones de febrero de 1936. Se vivía en el desmán permanente, sostienen los herederos de la victoria, y el ejército nacional trajo la paz. El olvido que la fórmula de la transición consagró acarrea muchas consecuencias. Este desconocimiento de la historia común es la principal causa de nuestra extraña forma de vivir y de votar, una ignorancia amplia y profunda, que inunda, rayo que no cesa, la identidad de una sociedad que se pretende libre (una ilusión más del consumo). En ese oscurantismo anida el germen de la mentira y la manipulación. En ocasiones, un libro se hace necesario, un aldabonazo seco en la memoria, y ayuda a recordar de dónde venimos y quiénes somos, qué ocurrió. Este es el caso del minucioso trabajo de introspección e historia -dramático dibujo y texto sobrio- de Todo Paracuellos de Carlos Giménez. </BIG></p> martin-i-textos http://s3.amazonaws.com/lcp/martin-i-textos/myfiles/eme65x6565x65.jpg http://martin-i-textos.lacoctelera.net/post/2007/05/08/manuel-la-fuente-leonard-cohen-canta-40- Manuel de la Fuente: <span style="color: rgb(51, 153, 153);">"Leonard Cohen canta los 40"</span> 2007-05-08T10:59:05+00:00 2007-11-06T07:50:42+00:00 <p><big>Es un joven poeta y novelista canadiense, cuyos primeros libros ya han tenido una moderada acogida entre la crítica. Pero perras, lo que se dice perras, dan pocas. El vate decide que tal vez con la música los dólares lleguen y toma la dirección de Nashville porque siempre le hecho tilín la música country. Pero por el camino pasa por Nueva York y la gran metrópoli le «secuestra» como recordaría tiempo después.<br /> Allí, un tipo bohemio como él, apasionado de Rimbaud y de García Lorca, no puede elegir un mejor lugar para hospedarse que el Hotel Chelsea, el hotel de los corazones rotos del rock and roll donde, más o menos, coincide con Dylan, Joan Baez, Jimi Hendrix y Janis Joplin, con la que al parecer sí coincidió algo más y a la que dedicó años después una de sus canciones, «Chelsea 2»: «Me dijiste una vez más que preferías a los hombres guapos, pero que por mí harías una excepción»<br /> Pero es hora de presentarse. El canadiense en cuestión se llama Leonard Cohen, de los Cohen de toda la vida, nacido en Montreal («cuna de mi familia, vieja como los indios, más poderosa que los Ancianos de Sión», dejó escrito) y un buen día de 1966, de vuelta en su ciudad descuelga un teléfono y canta (o recita, que nunca se ha sabido muy bien cuál es su especialidad): «Suzanne te coge de la mano y te conduce al río. Lleva ropas viejas e insignias del Ejército de Salvación, y el sol se derrama como miel sobre nuestra señora del puerto...». Al otro lado del hilo telefónico, una joven cantante de folk, Judy Collins, se queda prendada de esta «Suzanne» y decide grabarla en su disco «In my life». Un capo de Columbia, John Hammond (descubridor de Billie Holiday, Dylan y, posteriormente, uno de los primeros mentores de Springsteen) escucha la canción en la voz de Judy y decide contratar al trovador judío canadiense con un argumento bien sencillo: si un cantante como Dylan poría ser aclamado como poeta, por qué no un poeta como Cohen podía hacer lo propio como músico.<br /> Precisamente entonces, septiembre de 1966, Cohen y Columbia se convierten en pareja musical de hecho. En diciembre del 67, el disco es publicado bajo un escueto título, «Songs of Leonard Cohen». Y así, hasta hoy, cuarenta añazos después, momento que aprovecha la discográfica para recuperar aquel álbum y los dos siguientes: «Songs from a Room» (1969) y «Songs of Love and Hate» (1970), con alguna propina.<br /> Versión original.<br /> En concreto, «Songs...» añade a las diez piezas originales otros dos temas («Store Room» y «Blessed is the memory»), grabados en las mismas sesiones, pero que no fueron incluidos en el estreno del canadiense. Igualmente, «Songs from a Room» aporta dos inéditos: «Like a bird» (primera versión de «Bird on the wire») y «Nothing to one» (primera versión de «You know who I am»). Por último, «Songs of Love and Hate» añade el original de «Dress Rehearsal Rag».<br /> A lo largo de estas cuatro décadas, Leonard Cohen ha seguido grabando y escribiendo, y ofreciendo al respetable un puñado de títulos imprescindibles de<br /> la música pop, además de los ya citado, como «Death of a ladies man» (1977), «I´m your man» (1988), «The future» (1992) y el último, el extraño pero subyugante «Dear heather» (2004). Durante cuatro décadas, Cohen tuvo relaciones más o menos estables, un hijo, Adam, una hija, Lorca, en homenaje, claro está, a Federico, editó más libros, recibió premios, y hasta se hizo monje de un monasterio budista californiano, etapa que aprovechó su contable, un tal Kelley Lynch, para dejarle a dos velas, con apenas unos miles de euros de los cuatro millones de los que disponía para su jubilación.<br /> Alguien le llamó centinela de la soledad, y otro alguien dijo al escuchar sus primeras canciones que con su música entraban ganas de cortarse las venas. O dejárselas largas, porque reencontrarse con sus primeros discos permite saborear la magia, la precisión, el mundo sombrío y raramente profético de este cantautor minimalista pero imprescindible, de este trovador zen al que por algo los monjes buidistas que ya se sabe que no tienen un pelo de tontos bautizaron como Dharma Jikan, «El silencioso».</p> <p></big></p> martin-i-textos http://s3.amazonaws.com/lcp/martin-i-textos/myfiles/eme65x6565x65.jpg http://martin-i-textos.lacoctelera.net/post/2007/04/15/maria-toledano-algarabia-el-pp- María Toledano: <span style="color: rgb(51, 153, 153);">"Algarab&iacute;a en el PP"</span> 2007-04-15T20:16:12+00:00 2007-11-06T07:46:42+00:00 <p><big>El PSOE está triste y algo alicaído, encerrado en su pequeña Moncloa de barro y estadísticas de terciopelo. Nadie le ha invitado a la algarabía que está montando el PP, también llamados Populares, por las sedientas tierras de España. Cada mañana, al ritmo marcial de la COPE y los necios tirantes de El Mundo, aprietan sus correajes de espanto, se esculpen el perfil de gomina, ajustan el refajo y se lanzan al circo máximo con un nuevo espectáculo, luz y sonido, el acontecimiento del día. Vive la derecha nacional-católica, quizá sin saberlo, en la más absurda cultura de la posmodernidad líquida, de lo liviano y sutil, </big><em>de la nada que nadea</em><big>, recreándose en titulares efímeros y declaraciones en fa mayor que no perduran más de veinticuatro horas. Esfuerzo baldío, tierra baldía. La ruptura de España está al caer, anuncian sin despeinarse, se ve ya la grieta por Burgos y Navarra, del mismo modo que se separaba la península ibérica de Europa en aquella novela de Saramago; la educación pública, vociferan, está en manos de rojos, masones y demás ralea pedagógica (pese a que florezcan los colegios de ideario y crucifijo que educan en valores eternos), y los inversores extranjeros escapan ante los graves momentos de inestabilidad. La gran banca oye estas campanas de sacristía y sonríe con descaro de dividendo mientras cruza por la pasarela Cibeles de sus beneficios. Mientras esto acontece sin remedio ni tregua, el personal -ajeno, en su mayoría, al trivial espectáculo- prepara la excursión de semana santa y los puentes de mayo. El electorado es así. El sensible gobierno de la izquierda -las palabras, privatizadas, han cambiado de significado- luce palmito altanero -dama antigua recién ofendida-, un No a la guerra en la solapa (será por Afganistán) y acusa al PP, también llamados Populares, de crear un clima permanente de crispación. Lo que importa, parece ser, es el clima, el ambiente. Utilizamos las palabras con total impunidad e indiferencia, como el que contempla las maletas del prójimo -incluso la propia- en una cinta transportadora. Carpe diem.<br /> Es norma y facultad de los gobiernos -dice la mercadotecnia inventada en EE.UU., años 50- marcar la agenda política. Para eso tienen el poder y tocan las cuerdas que mejor suenan. En la actualidad, y pese a las constantes y cansinas apariciones del secretario de organización del PSOE, el ministrín Blanco, el gobierno ha perdido la iniciativa política y camina, arrastrándose, por la senda empedrada que marca la derecha montaraz. Desde Felipe II hasta hoy, sin exagerar, la agenda, es decir, qué hay que hacer y cuándo, siempre la ha marcado la derecha, todas las derechas. González, el atento alabardero de Polanco y ocasional joyero, habla de ambiente prebélico. Polanco, ex de Barreiros, declara que la derecha actual le recuerda al franquismo por el uso y abuso de la bandera. Tiene razón, él conoció bien el régimen. En aquella época labró su fortuna de papel. Rodríguez Zapatero, efecto under dog, el chico bueno apaleado, tiene suerte. Polanco ha pasado de discreto enemigo a coyuntural aliado en el tiempo que dura un consejo de administración. La actual guerra santa (católica), una verdadera yihad económica entre familias y posiciones de clase, está produciendo desgarros intestinales entre las elites. Andan de Opa´s. El PSOE está triste igual que su candidato madrileño a la alcaldía y los llamados Populares (el somatén y sus aliados) buscan todavía explicaciones a su inesperada salida del gobierno tras las bombas de Atocha. El que no corre vuela. Los estrategas del PSOE siguen confiando en la vieja máxima cuanto peor, mejor; los adalides del PP, bronceado y zumo de naranja, anuncian buenos resultados electorales gracias al desgaste gubernamental. A uno y a otros, teóricos de la nada y la sociología electoral, hacedores de lluvia ácida y cálculos porcentuales de intención de voto, quisiera yo haberlos visto en Stalingrado.<br /> En El PP están de fiesta. En Génova, al caer la tarde, un redoble de tambores anuncia el orden del día. Al compás de Marcial eres el más grande, Rajoy con montera y capote de paso,esquivando cuchillos, abre las reuniones.</big></p> martin-i-textos http://s3.amazonaws.com/lcp/martin-i-textos/myfiles/eme65x6565x65.jpg http://martin-i-textos.lacoctelera.net/post/2007/03/23/maria-toledano-bandera-espana--2 María Toledano: <span style="color: rgb(51, 153, 153);">"Bandera de Espa&ntilde;a"</span> 2007-03-23T10:35:56+00:00 2007-11-06T07:42:15+00:00 <p style="font-size: 13px;" align="right">Como el vino de Jerez y el vinillo de Rioja,<br /> son los colores que tiene la banderita española</p> <p><em>Las corsarias, Pasodoble de la bandera<br /> </em></p> <hr size="2" width="100%"><big>Eterna, sempiterna y neoeterna, el pulcro estandarte rojigualda de la humillación y la victoria, de los cortes de pelo y el aceite de ricino, reaparece impulsado tanto por necesidad estratégica como por necedad ideológica. Necesidad de recordar su cercano origen y leyenda, los tercios de Flandes y el abuelo que era procurador, la tía soltera con sus tapetes de ganchillo -ahora single proactiva de crucero por el Mediterráneo- y los periódicos con grapa (en la actualidad El Mundo cumple la función/misión santa); se trata, según el think tank del PP, esos pensadores de la nada y gaviota -pájaro de la basura- que se reúnen en Génova a la hora de maitines (hasta el nombre clave desconfianza) de aglutinar a los suyos -cerrar filas, escuadrones leales- dispersos entre tanta algarabía consumista, segundas y terceras residencias, playas de Levante, paellas, televisión basura, sangría con denominación de origen y golf. El medio, decían, es el mensaje y el mensaje es frío, gélido, aterrador. También producen escalofríos las artes escénicas del PSOE, jugando -sin decirlo- a que la declarada reacción españolísima concentrará el voto en su programa electoral. Están jugando con fuego, un fuego falso de chimenea y salón-comedor que puede reavivar el verdadero rescoldo cristofascista que anda por ahí. La política de la bandera, de sábado de romería y peluqueros reconvertidos en estrellas mediáticas, de la exhibición y los fueros navarros (vuelve el siglo XIX) consiste en ordenar -según su cartografía de crucifijo y correajes- el espacio de lo público, delimitar los movimientos morales del personal, marcar las fronteras, volver a las tertulias de casino y cretona (ahora radiofónicas), merendar picatostes con chocolate en los cafés, cantar montañas nevadas y agitar. El ciclo del capitalismo y la política económica española -la misma desde el Plan de Estabilización de 1959- favorece, en este caso, al partido en el poder. El ciclo es el mensaje. El CIS dice que la gente vive bien. Sería curioso analizar con detalle la muestra y las preguntas. A Alfonso Guerra, poeta y prosista, Fouché de sacristía, le gustaba -illo tempore- jugar con los datos y las encuestas. Eran otros tiempos.<br /> Llevaban la banderita en el reloj, en los pasadores del pelo y se sentían, son, patriotas. Defensores de la Fe, de la tradición, de todos los valores posibles y los inexistentes. Totus tuus. Ahora, renacen o reaparecen, salen de las catacumbas, Con flores a María (gran novela del olvidado Alfonso Grosso), de los consejos de administración y las porterías, de los ministerios, las oficinas bancarias y las fincas. España eterna, neoeterna y sempiterna. Son los mismos, pasean por las manifestaciones con sus banderitas, la calle siempre fue suya, sus mástiles y sus heladoras sonrisas. Sólo por edad -incluso los jóvenes- yo los hacía a todos muertos y sin embargo aquí están, como si nada, como si alguna vez se hubieran ido, con sus voces y su desprecio. Creen que Rodríguez Zapatero es un rojo. Y aunque sus mentores no lo crean, les da igual. Ellos, enhiestos, pasean todavía sus inexistentes galones de alférez provisional, las oposiciones y las pasantías en los despachos; ellas, delicadas y coquetas, sus licenciaturas en farmacia, en comunicación audiovisual o marketing, el polvoriento piano arrinconado, los aperitivos en el Club de Campo y su ardor guerrero de falda tableada y amante por las calles más elegantes de las ciudades, de todas las provincias de su España, de las villas, concejos y capitales imperiales. Ganaron la guerra, ganaron la posguerra, ganaron el silencio y el miedo, ganaron la transición con la complicidad (traición histórica) de las fuerzas de la izquierda antifranquista -nunca el PSOE, manos blancas no ofenden- y ganaron la paz de los cementerios civiles y militares. Llevan ganando desde el siglo XVI, desde el oro americano, desde que construyeron un estado nacional-católico a imagen y semejanza de sus vírgenes y dioses de barro y cepillo. La iglesia unificó -bajo palio y terror- el territorio sagrado y hoy, siglos después, sigue unificando el sentimiento de lo español, eso tan español, lo españolazo, la bandera, los colegios y unas tapas. Su aguerrido movimiento, el PP y la COPE de vanguardia consciente, capote de paseo, fajín y guirnalda, fallas de Valencia, barrera del siete, feria de abril, señoritos de vermút, apolíticos de varia especie, vestigios, fósiles y alienados, corta la respiración. Agitan la rojigualda al viento del desconcierto, Joseantoniopresente, Francopresente, Aznarpresente, como si la izquierda -una simbólica derrota más- no hubiera aceptado ya la enseña franquista (aunque tenga otro origen) en 1975, o en 1977, sábado 9 de abril, sábado de gloria, cuando legalizaron al PCE (y el PCE se “dejó” legalizar) y aquello fue una nueva y definitiva rendición. La agresión está en los colores. En sus malditos colores.<br /> </big></p> </hr> martin-i-textos http://s3.amazonaws.com/lcp/martin-i-textos/myfiles/eme65x6565x65.jpg http://martin-i-textos.lacoctelera.net/post/2007/03/20/maria-toledano-apunte-literario-portugues-v- María Toledano: "Apunte literario portugués V" 2007-03-20T11:07:23+00:00 2007-11-06T07:41:33+00:00 <p><strong>La alegría es el paso del hombre de una menor a una mayor<br /> perfección.</strong><br /> Spinoza, Ética, III, def., II</p> <hr size="2" width="100%"> <p><big>La segunda vez se encontraron en casa de Rui Lopes en la Rua do Carmo. Era un piso oscuro y recargado. Salas contiguas decoradas con cortinas de cretona y muebles de otra época, máscaras africanas, una colección de elefantes con la trompa hacia arriba, fotografías teñidas de recuerdos, sofás desvencijados y sillas forradas de tela, miles de libros desordenados, algún vaso sucio junto a un tratado de derecho administrativo, porcelanas de China y tejidas telarañas. En el salón principal, una habitación inmensa con cuatro balcones a la calle cuyo suelo crujía pese a las tupidas alfombras orientales, sobre la chimenea, colgaba un frío retrato de una mujer. Desde que enviudó, seis años atrás, la casa perdía lustre pese la dedicación de Suria, una caboverdiana octogenaria que trataba al catedrático como si fuera un hijo. Suria llevaba más de cincuenta años al cuidado de la intendencia doméstica.<br /> El viejo, un hombre nacido para la conspiración y el protocolo -es lo único que nos queda, repetía, si el poder es sólo una posibilidad- había convocado una reunión de amigos con fin de eliminar ciertos malentendidos que circulaban entre los grupos más importantes de la oposición. Pequeñas diferencias sin importancia, explicaba sin dejar de sonreír, matices, cuestiones formales que quedarán solucionadas ante un vaso de vino. Con suma discreción, en unos casos a través de intermediarios o gracias a sus variadas relaciones, reunió una docena de personas aquel sábado por la tarde. Nazario Pinto llegó puntual, quizá un par de minutos tarde. Llamó al timbre dos veces. El sonido le sobresaltó. Era estridente, quizá demasiado agudo. Cerró los ojos y respiró hondo. Los goznes de la puerta giraron. Es un placer recibirle, amigo Ribeiro, saludó Rui Lopes. Pase, pase. Creo que ya conoce la casa y a la mayoría de los presentes. En ese instante, Encarnación entró en el salón por una puerta lateral que daba paso a las habitaciones interiores con un par de carpetas de papeles, un pitillo en la boca y un largo vestido negro. Parecía cansada, con las gafas en equilibrio sobre la punta de su nariz. Querida amiga, ¿recuerdas a nuestro amigo Ribeiro? Claro, respondió mientras le tendía la mano. Le escuché hace un mes en... Sí, atajó, una intervención, como usted misma dijo, interesante. Encarnación bajó la vista y sonrió con ironía. Me alegro de verla, apostilló Nazario. Yo también me alegro, señor Ruibarbo. Cuando Nazario quiso reaccionar ella ya le había dado la espalda.<br /> Tomaron asiento alrededor de una mesa oval. Salvo los comentarios de un abogado, el único que llegó un cuarto de hora tarde, uno de esos burgueses que tanto daño habían causado al país con su silencio, pensó Nazario, y cuyas intervenciones sólo causaron irritación entre los asistentes debido a la absurda pretensión -una propuesta rechazada por unanimidad- de informar al descendiente de la monarquía española en el exilio del estado de la situación, el encuentro concluyó de forma satisfactoria. Los presentes, tras más de dos horas de intensas discusiones conducidas con astucia por el anfitrión, se estrecharon las manos. A eso de las nueve de la noche los invitados comenzaron a marcharse poco a poco dejando un lapso de tiempo prudencial entre ellos. Nazario se quedó rezagado sin darse cuenta, ensimismado, contemplando las estanterías. Sorprendido al ser el último en salir -Encarnación doblaba un plano de la ciudad al fondo del salón- se levantó impulsado por un resorte. Quédese a cenar, dijo Rui Lopes. Y tú también, Encarnación, querida. Creo que Suria tiene algo preparado. No acepto excusas, Ribeiro. Es descortés contrariar a un viejo hospitalario. El anfitrión parecía inquieto. Para animar la cena recurrió a anécdotas de su carrera profesional, los exámenes de la cátedra y sus primeros dictámenes oficiales, su fugaz paso por el ministerio de educación como director general, los felices tiempos de agregado cultural. Tras varios vasos de vino, recordó a su mujer, Luisa, y la soledad que sentía encerrado entre recuerdos. Había servido al régimen con lealtad y distancia en puestos menores, como acostumbraba a decir, y ahora, cuando la situación política era insoportable incluso para su cínica sensibilidad social, se mostraba crítico con el gobierno en artículos y conferencias. Parecía que estuviera dictando su necrológica, dejando constancia de quién era para la memoria de los presentes. Sin ser un destacado opositor, Rui vivía bajo vigilancia. Un discreto control policial que le hacía sentirse, todavía, importante. Encarnación miraba al invitado con curiosidad, una curiosidad que, a medida que la cena avanzaba, se volvía insistente. El capitán Pinto se mantuvo en silencio. Le dolía la cabeza. Comieron arroz con verduras y un pescado que Nazario no consiguió reconocer. A los postres, un surtido de la mejor repostería lisboeta, Encarnación y Rui tomaron café y una larga copa de coñac. Nazario, café solo y agua. Unas campanadas lejanas anunciaron las doce. Nazario se puso de pié. Agradeció la cena y susurró una excusa para marcharse. Mañana tengo un día duro. Estupenda velada, sonrió Rui, permítame que le acompañe hasta la puerta. Encarnación recogió el bolso, se puso el abrigo y abrazó al viejo con cariño. Mañana hablamos, profesor. Seguro que a nuestro amigo Ribeiro no le molestará acompañarme unos metros. Será un placer, murmuró.<br /> Encarnación no era una chica feliz aunque hiciera constantes esfuerzos por serlo. El monótono trabajo con los alumnos, rodeada de rancias damas de rosario y falda tableada, no le satisfacía. Una vida en blanco y negro, sin contrastes ni requiebros. Obligada a mentir sin tregua, llevaba una triste doble vida. En el colegio no conocían sus relaciones ni las afinidades con una parte del movimiento opositor. Eso hubiera significado una denuncia, el despido. Nos llevan a la ruina, explicaba sor Angustias, la subdirectora. Mano dura o esta gentuza acabará con este católico país.<br /> El árido libro sobre España estaba estancado -hacía varios meses que carecía de ilusión para seguir- y su círculo de amistades era escaso. Había tenido un novio varios años pero nunca se plantearon casarse. Él no quería tener niños y quizá tampoco la quería como a ella le hubiera gustado. Encarnación era una chica difícil, inteligente e insegura. Desde hacía un par de años frecuentaba la casa de Rui. Se hacían compañía. Hablaban de libros, de la soledad, de la estructura económica portuguesa y del desarrollo del territorio. Charlaban de todo y bebían coñac.<br /> </big> </p> </hr> martin-i-textos http://s3.amazonaws.com/lcp/martin-i-textos/myfiles/eme65x6565x65.jpg http://martin-i-textos.lacoctelera.net/post/2007/03/08/manuel-la-fuente-aquellos-dias-marzo- Manuel de la Fuente: "Aquellos días de marzo" 2007-03-08T16:23:32+00:00 2007-11-06T07:39:54+00:00 <p><big>Qué quieres que te diga, cielo, desde hace tres, tres tristes años, en estos días de marzo me revolotean puñales en el estómago, y ni siquiera puedo imaginarme que está a la vuelta de la esquina, dicen, otra primavera. No sé, amor mío, pero en estos tristes, en estos tristes días de marzo se me pone el corazón en un puño, y hasta los gorriones de la plaza me parece que andan cabizbajos, rumiando recuerdos, rumiando estruendos de trenes sin retorno. No sé, amor mío, no sé qué puñetas tienen estos días de marzo, que se me viene a la boca la bilis de la desesperanza, y vivir se me hace, entonces, un oficio raro, el oficio más raro del mundo. En estos días de marzo, cuando tanto, y tantos, echo de menos. Me falta en la calle un puñado de miradas que desde hace tres tristes, tres tristes marzos, te digo, ya no están entre nosotros. A la salida del colegio extraño aquella pelota de colores, y una cola de caballo, y una carpeta con la foto, dedicada de Guti, el 14, el 14 del Madrid. Supongo, amor mío, que es cosa de mi carácter, o más bien cosa de mi memoria, qué quieres que le haga, corazón, pero no he aprendido (que no aprenda nunca) a olvidar. En estos tristes, en estos tristes días de marzo se me saltan las lágrimas, fíjate qué endiablado es el recuerdo, se me saltan las lágrimas te decía, cuando veo su foto, con gafas, con pecas, y con todas las ilusiones de esta vida, cuando veo su foto, te digo, en el abono de transporte. Qué tendrá marzo, últimamente, que me falta el aire. Qué tendrá marzo en estos días, qué tendrá, que yo soy yo, mi circunstancia, y un puñado de lexatines. Ya ves, cuando llego a la estación deambulo por el anden como un náufrago, con un pañuelo por si hay que decir un adiós o un hasta siempre una vez más. Y subo al tren con tanto dolor habitando mi costado que parece, cielo mío, que va mi alma en parihuelas. En estos tristes días de marzo te quiero desde el exilio de esta marejada de desconsuelo que no amaina. Te escribo desde la esquina de esta tristeza infinita, te escribo, en la estación de Atocha, por todo aquello que aquel día, aquellos días de marzo, tú, yo, nosotros, vosotros y ellos perdimos.</big></p>