La Coctelera

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Categoría: Mª Rosa Lorenzo

30 Mayo 2007

Mª Rosa Lorenzo: "Ser carne"

Me gusta convertirme en el viento que te acaricia
para que me sientas aún sin verme.
Ser el sol que se derrama en tu rostro
para que al rozarlo tu mirada se ilumine
aunque ciego por mi destello, nunca lo sepas.
Deshacerme en lluvia que empapa tu pelo
para viajar prendida en tus cabellos
aunque mi humedad se confunda escondida en tu sudor.
Y ahora,
Me gustaría volverme carne para decirte mi nombre al oído.
Para que reconozcas mis manos, mis ojos y mi piel descubriendo tu cuerpo lindo.
Tu cuerpo entero y el mío, mientras te susurro mi nombre al oído.

Tags: poesia

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20 Noviembre 2006

"Precipitándome" de Mª Rosa Lorenzo

Lanzarme desde un trozo negro de cielo amenazador al abismo que termina allí donde la tierra recibe en su abrazo mi caudal nuevo.
Avanzar, en tu busca, a veces enterrada y furtiva, convertida en manantial, a veces resurgida y descarada sobre naturaleza abierta.
Descansar en balsas oscuras y profundas para después derramarme violentamente a través de altísimas e inclinadas laderas de hormigón y continuar camino entre regiones ya menos verdes hasta tu ciudad.
Discurrir por sendas oscuras y soterradas que avanzan sinuosamente hacia esos deseados agujeros minúsculos de luz que me fragmentan en infinidad de moléculas líquidas para alcanzarte toda.
Brotar de la fuente que sostienes para descender desde tus cabellos, por tu nariz, tus labios y tus mejillas, y atravesar la frontera de tu cuello y de tus hombros hasta alcanzar tus pechos erguidos, mientras resbalo por el surco de tu columna que me arroja, en su extremo, a mi misma de nuevo haciéndome crecer.
Fluir por los cauces de tus brazos, de tus dedos, de tus piernas para precipitarme después al vacío que acaba por estrellarse en tus pies lejanos, salpicándolo todo de vida. Y después seguir creciendo y sentir el vértigo de elevarme desde ellos hacia las alturas de tus nalgas, esperando el delicioso momento de recibirlas en mi territorio, y convertirme por un instante en marea que tú provocas y que te cobija.
Rodear tu cuerpo entero, envolviendo cada rincón y cada esquina, sin que quede un solo palmo de tu piel sin mi abrigo, ni un centímetro de tu pelo acariciado por el viento. Tan solo mi humedad.
Penetrar por tus rendijas, invadiendo profundas cavidades que el aire torpe apenas alcanza a llenar, obligado a desalojar tu misterio.
Permanecer siempre así: sintiendo tu tibieza en mis comarcas frías. ¡No, por favor! ¡No me obligues a vaciarme! ¡No retires el tapón del desagüe!

Tags: narrativa

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19 Noviembre 2006

"Perla" de Mª Rosa Lorenzo

Le llamaban “Perla”, y no sólo porque fuera una buena pieza, sino porque tenía los dientes nacarados más blancos y más brillantes del barrio. Su sonrisa irradiaba esa especie de simpatía irresistible que te cautivaba y te hacía olvidar sus múltiples diabluras. Y hacía que bajases la guardia de manera que en el momento más inesperado volvía a sorprenderte con una de sus bromas. Al principio, durante el tiempo en que duró su niñez, aquello resultaba incluso divertido pues la inocencia parecía que guiaba todos sus actos y ningún ápice de maldad asomaba en ellos. Pero poco a poco y a medida que su infancia fue sucumbiendo a la complicada adolescencia, el cariz de las travesuras cambió. Aquello comenzó cuando apenas contaba 13 años. Tanto por su físico como por el desarrollo rápido y audaz de su inteligencia, aparentaba mucha más edad que sus compañeros. Y mientras otros muchachos se entretenían practicando algún deporte, el comenzó juegos peligrosos. Su avidez por conocerlo todo lo llevó a… Aquella fueron las últimas palabras que escuchó antes de que su cabeza golpease en el pupitre. Se había vuelto a quedar dormido y es que aquellos relatos con moraleja que la maestra dictaba cada día, lo aburrían tremendamente. Lo que comenzaba siendo una entretenida historia acababa por convertirse en una insufrible retahíla de consejos y prohibiciones, cuyas razones nunca comprendía, tal vez porque nunca se molestaban en explicárselas. Y entonces las ganas de cometer todas aquellas malas acciones que se vedaban en los cuentos, crecían y crecían. Porque además, precisamente aquellas cosas que los mayores definían como pecados, a el le parecían la mar de divertidas. De repente se sentía invadido por un impulso irrefrenable que lo llevaba a… Su abuelo interrumpió el relato al comprobar que Daniel se había quedado dormido. Lo arropó y salió con cuidado de la habitación para no despertarlo. No estaba aún cansado pero decidió que sería buena idea meterse en la cama para leer un poco hasta que el sueño lo invadiese. A pesar de que cada noche dedicaba casi una hora a leer y contar historias a su nieto, no podía dormir sin ojear antes unas pocas páginas. Y de este modo, y durante los años recorridos a lo largo de su extensa vida, había conseguido… Los golpes en la puerta lo asustaron, e hicieron que cerrara el libro de golpe y que apagara la linterna que relucía pálidamente bajo la manta. –¡Acuéstate ya!- se escuchó -¡Cuántas veces tengo que decirte que estas no son horas para leer, sino para dormir!- Con cierto fastidio, como cada noche, emprendió el viaje hacia el mundo de los sueños. Era un mundo que le gustaba también, como el de los libros, pero a veces le asustaba. Y es que de los sueños no podía escapar tan fácilmente como de la lectura. Y a veces una pesadilla duraba tantísimo y era tan real que le sacaba bruscamente del sueño y tan agotado que por unos momentos no conseguía saber quién era o dónde estaba. En esas meditaciones andaba cuando escuchó a su madre que lo llamaba para que se levantase: -¡Buenos días, “Perla”!, ¡Arriba, hay que ir al colegio!

Tags: cuentos

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